Industrias Creativas
El Doble Filo de las Industrias Creativas: Análisis de la Mtra. Valeria Sánchez
Por: Wendy Aline González
En el marco del V Simposio Universitario de Gestión Cultural, la Mtra. Valeria Sánchez Valadez nos condujo por el complicado escenario de las Industrias Culturales y Creativas (ICC) y planteó reflexiones esenciales para cualquier gestor cultural.
Fotografía de la Mtra. Valeria Sánchez Valadez
¿Producto o arte? Una distinción indispensable
La conferencia comenzó con la diferenciación esencial de que las
"Industrias Culturales" (cine, literatura) aparecieron en los años setenta,
a partir de una perspectiva crítica sobre la producción masiva, mientras que
las "Industrias Creativas" (videojuegos, streaming) surgieron con el
advenimiento de internet, lo cual expandió el panorama. La maestra Sánchez
resaltó que todas ellas tienen un origen compartido: la creatividad personal
como fuente de empleo y riqueza a través de la propiedad intelectual.
Las críticas y los fetiches
culturales
El examen de la Escuela de Frankfurt fue uno de los momentos más
esclarecedores, ya que esta hace una distinción entre el arte, que se
manifiesta sin intermediarios, y el producto cultural, que nos orienta a ver lo
que alguien desea que observemos.
La Escuela de Frankfurt hace una diferencia crucial:
1.El Arte (verdadero):
·
Es como una conversación directa y sin filtros
con el artista.
· Manifiesta sin intermediarios: Te hace pensar, cuestionar y sentir por ti mismo. Es libre y desafiante.
2. El producto cultural (el "Fetiche")
-Nos orienta a ver lo que alguien desea que observemos: Esta diseñado para ser consumido fácilmente, para entretenerte y distraerte sin provocar reflexión. Se convierte en un "fetiche" porque lo valoramos por su fama o por su marca, no por su profundidad.
La maestra puso como ejemplo a
La Rosa de Guadalupe, la serie mexicana producida por Televisa, donde
Sus episodios tocan conflictos sociales de situaciones cotidianas, donde los
valores de la religión católica y la devoción hacia la Virgen de Guadalupe
influyen en su solución: "Es un programa que ilustra cómo los productos
culturales pueden generar fetiches que normalizan conductas discutibles",
afirmó.
El dilema principal: ¿Entretenimiento o desarrollo de la comunidad?
El gran dilema de las ICC es "¿qué es lo que ponemos
en el centro?” Comparó situaciones como los festivales culturales que han sido
transformados para el turismo con otras, como las ferias del libro, que
conservan su carácter comunitario. La expositora reflexionó: "El mismo
derecho a la libertad de expresión que The New Yorker utilizó en 1946 para
publicar un importante reportaje sobre Hiroshima, puede emplearse hoy con
propósitos menos nobles".
Tomando una decisión radical, en 1946 la revista The New Yorker dedicó un
número completo a un único reportaje titulado "Hiroshima", que
contaba el bombardeo atómico desde el punto de vista de seis sobrevivientes
japoneses.
Su actuación constituyó un modelo de "desarrollo comunitario":
-Crear
conciencia y educar, no entretener.
-Al
mostrar el costo en términos humanos, obligó a la nación a reflexionar sobre
algo incómodo pero esencial.
La reflexión:
La misma capacidad (una amplia audiencia y la libertad de expresión) que The
New Yorker empleó con un propósito bueno (despertar conciencia), se puede usar
en la actualidad para fines menos nobles, como:
-Generar contenidos vacíos únicamente para obtener vistas.
-Difundir información falsa.
-Distraer hasta dormir el pensamiento.
En dirección a una gestión
cultural crítica
Para concluir, la Mtra. Sánchez brindó instrumentos para una administración
cultural responsable:
• Cuestionar siempre el valor social de los proyectos.
• Determinar cuáles conductas se vuelven normales.
• Buscar lugares que den prioridad al desarrollo de la comunidad.
La conferencia dejó patente
que la conciencia crítica es imprescindible en el ámbito de las Industrias
Culturales Creativas para desarrollar proyectos que realmente mejoren nuestra
sociedad; no es una opción. La conciencia crítica es la herramienta que nos
permite pasar de las buenas intenciones a las acciones significativas. Es lo
que convierte una idea creativa en un aporte significativo para nuestra
sociedad. Sin ella, hay peligro de que el trabajo cultural se convierta en algo
superficial o incluso contraproducente.
Por: Wendy Aline González Hernández
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